Imagina esperar más de 30 años, soportando persecución por tus creencias, solo para poder leer un libro. Eso fue exactamente lo que vivió el grupo indígena Chamula hasta que, el 25 de noviembre de 2001, más de 10,000 personas se reunieron en San Cristóbal de las Casas para levantar su tan esperada Biblia y lanzar un grito que hizo eco en la historia:
“¡Dios también habla Chamula!”.
Esta escena de película es solo uno de los impresionantes hitos que marcan la celebración de los 60 años de la Sociedad Bíblica de México (SBM). Lo que comenzó como una misión de fe, se convirtió en una epopeya lingüística, cultural y tecnológica para llevar un mensaje de esperanza a cada rincón del país.
Maratones de tinta y paciencia
Traducir la Biblia a una lengua originaria no es tarea de un par de meses con un diccionario. Es un trabajo titánico. En 1992, en Mérida, Yucatán, se entregaron 5,000 ejemplares de la Biblia en Maya, un logro que costó más de 12 años de traducción ininterrumpida. Al año siguiente, la selva norte de Chiapas vio el fruto de más de 15 años de esfuerzo cuando se entregaron 5,000 Biblias en Chol de Tumbalá.
Y la traducción también sabe ser un puente de paz en medio del caos. En 1998, justo en el corazón del conflicto Zapatista en Chiapas, se realizó una entrega masiva al aire libre de 10,000 Biblias en Tzotzil de Chenalhó. El verdadero milagro detrás de este libro fue que traductores católicos y evangélicos hicieron a un lado sus diferencias para trabajar juntos.
Innovación: audio, color y comunidad
Pero, ¿qué pasa cuando una comunidad tiene una fuerte tradición oral o cuando quieres alcanzar a los más pequeños? La SBM entendió que el papel no era suficiente.
En la primavera de 2004, el majestuoso paisaje de Chihuahua fue testigo de la entrega del Evangelio de Lucas en formato de audio para los Rarámuris. Para los niños, la innovación fue aún más tierna: entre 2007 y 2009, se distribuyeron libros de Lucas para colorear acompañados de audio, llegando a pequeños Mayas, Chamulas, Tzeltales y Purépechas.
Además, para garantizar que el mensaje no solo se entregara, sino que se viviera en comunidad, la SBM se alió con la organización Hosanna. A través de casetes y CDs, formaron cientos de “grupos de escucha” para el discipulado en comunidades Tenek, Otomíes, Náhuatl y Tzeltales.
Derechos humanos y acceso a la Biblia
El impacto de la SBM ha ido más allá de lo puramente espiritual para tocar la dignidad humana. A principios de los 2000, comenzaron a distribuir porciones estratégicas llamadas “La Biblia y los Derechos Humanos” en lenguas como el Tzotzil, Tojolabal, Tzeltal y Purépecha.
La inclusión también los llevó a romper la barrera del sonido. Entre 2009 y 2011, la SBM se adentró en el mundo visual y dedicó proyectos en Lengua de Señas Mexicana (LSM), produciendo materiales en DVD de los libros de Jonás, Filemón y Rut para la comunidad sorda.
Hoy, a 60 años de su fundación, la labor no se detiene. Ya sea entregando gigantescos tirajes de 20,000 Biblias bilingües en Bachajón, o dedicando Nuevos Testamentos para el pueblo Mixe y Mazateco en 2014, la misión de la Sociedad Bíblica de México sigue siendo asombrosamente clara: asegurar que, sin importar dónde nazcas o cómo te comuniques, siempre puedas decir con orgullo que:
¡la esperanza también habla tu lengua!



