junio 3, 2026

“Miguelito”, el niño de Chapa de Mota

 

De devorar periódicos en la calle a llevar la Palabra a toda América Latina: la épica travesía de Miguel Ortega.

Si alguna vez has pensado que los verdaderos héroes solo existen en las películas, es porque aún no conoces la historia de Miguel Ortega. Cariñosamente llamado “Miguelito” por todos sus amigos, este hombre transformó la publicación bíblica en nuestro país con una trayectoria de 48 años de trabajo incansable, pasión desbordante y dedicación absoluta a la causa bíblica.

Prepárate para conocer la aventura de un niño prodigio que se convirtió en un gigante de la edición.

El niño genio de Chapa de Mota que leía la basura

Todo gran relato tiene un inicio humilde. Miguel nació en una familia de cuatro integrantes en Chapa de Mota, Estado de México. Mientras otros niños de 7 u 8 años jugaban, él caminaba por las calles con una sed insaciable de conocimiento:

“…recogía y leía cualquier periódico o revista que encontraba tirado en su camino.”

A la asombrosa edad de 10 años, este niño no leía cuentos infantiles. Ya había devorado obras de titanes de la literatura universal como Miguel de Cervantes Saavedra, Lope de Vega, Calderón de la Barca y Tirso de Molina, además de diversos dramaturgos clásicos y autores de la literatura rusa y francesa. Nacido con un don absoluto para la lectura, Miguel combinaba esta pasión con el gusto por la música clásica y, de manera muy especial, por aprender de la Palabra de Dios desde temprana edad.

Nunca es tarde para triunfar: su épica formación académica

A los 21 años, Miguel dio el paso que sellaría su destino al incorporarse a la entonces Agencia Bíblica de México. Pero él sabía que para hacer historia necesitaba prepararse más. En una demostración brutal de disciplina, a los 23 años retomó sus estudios: hizo la secundaria, luego la preparatoria, y no se detuvo hasta llegar a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) para cursar la carrera de Letras Hispánicas. Por si fuera poco, también estudió Comunicación Educativa en el ILCE, una organización dependiente de la UNESCO.

De asistente a gerente: el ascenso de un hombre orquesta

Su talento lo llevó a colaborar en el Centro de Servicio para América Latina, el cual daba atención a todas las Sociedades Bíblicas de la América Hispana. Cuando este centro se mudó a Miami, Miguel regresó a México para entrar de lleno al área de Producción de la ya consolidada Sociedad Bíblica de México (SBM) como asistente de editor.

Miguelito no solo fue testigo de la transformación de la Agencia a la Sociedad Bíblica, sino que colaboró con verdaderas leyendas de la traducción: el Dr. William L. Wonderly (padre de las versiones populares de la Biblia), el Dr. Alfredo Tépox, el Dr. Edesio Sánchez y el Dr. Aristómeno Porras.

“La Palabra debe llegar a cada pueblo en el idioma de su corazón.”

Su ética de trabajo era tan imparable que, cuando los gerentes anteriores (Antonio Mendoza y Eugenio Torres) dejaron sus puestos, Miguel asumió la Gerencia de Producción sin dejar jamás sus responsabilidades de editor. Se convirtió en el enlace vital de la SBM, tratando a diario con traductores, diseñadores, escritores, impresores, proveedores de papel y encuadernadores, además de apoyar en predicaciones y conferencias.

Rompiendo barreras: la Biblia en lenguas originarias

Quizás el impacto más monumental y perdurable de la carrera de Miguel Ortega fue su trabajo directo con los pueblos indígenas. Como editor, fue el cerebro y el corazón detrás de la publicación de Biblias, Nuevos Testamentos y porciones bíblicas en múltiples lenguas nativas, incluyendo:

  • Maya
  • Tzeltal de Bachajón
  • Tzotzil de Chamula
  • Tzeltal de Oxchuc y Tenejapa
  • Quichua del Ecuador

Además de esta titánica labor, cuando el Pbro. Abner López Pérez asumió la dirección general de la SBM y revivió la icónica revista “La Biblia en México”, Miguel se echó el proyecto al hombro fungiendo como su productor, escritor y editor.

Más allá de los libros: un café con Miguelito

Fueron 48 años de poner su experiencia y todo su corazón en la organización. Pero lo que hace a Miguel Ortega una figura verdaderamente legendaria no son solo los miles de libros que pasaron por sus manos, sino su calidad humana. Quienes trabajaron con él afirman que es esa clase de persona que siempre tiene a flor de piel una palabra de aliento, un consejo sabio y una anécdota fascinante. Como afirman sus propios compañeros: “tomar café con él siempre es un deleite”.

Miguel Ortega es la prueba viviente de que la pasión, la dedicación y el amor a Dios pueden escribir las historias más extraordinarias. Sin duda alguna, la Sociedad Bíblica de México siempre será su hogar.

 

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