Hoy en día, conseguir una Biblia es algo sencillo. Basta con recorrer unos minutos para llegar a una librería o adquirirla fácilmente por distintos medios. Sin embargo, no siempre fue así. Hubo una época en la que llevar la Palabra de Dios a cada rincón del país requería valentía, sacrificio y una profunda vocación de servicio.
¿Quiénes eran los colportores?
La distribución de la Biblia en México comenzó gracias a personas extraordinarias conocidas como colportores. Este nombre surgió porque llevaban un morral colgado al cuello, cargado con Biblias y materiales cristianos.
Con ese sencillo pero poderoso símbolo de esperanza, recorrían largas distancias a pie para llevar las Escrituras a comunidades, pueblos y regiones donde muchas veces no existía acceso a librerías ni medios de transporte.
El inicio de una misión histórica
Esta labor tomó fuerza en México en 1870, cuando Diego Thomson llegó como uno de los primeros grandes impulsores de este modelo de distribución bíblica.
Los colportores visitaban hogares, participaban en ferias locales y aprovechaban cualquier oportunidad para compartir la Palabra. Su trabajo fue fundamental para acercar la Biblia a miles de personas en lugares remotos, donde muchas veces el acceso era complicado o inexistente.
Una labor que sigue viva
Aunque su historia comenzó hace más de un siglo, el espíritu de los colportores sigue vigente.
Actualmente, la Sociedad Bíblica continúa esta misión mediante representantes y colaboradores que llevan literatura bíblica a iglesias, mercados, tianguis y plazas públicas, conservando el mismo compromiso de acercar el mensaje de Dios a más personas.
Un legado de fe y servicio
Los colportores fueron mucho más que distribuidores de Biblias: fueron verdaderos mensajeros de esperanza.
Gracias a su esfuerzo, generaciones enteras pudieron conocer las Escrituras en momentos y lugares donde parecía imposible. Su legado continúa inspirando la labor bíblica en México y merece ser recordado y celebrado.
Gracias a los héroes del morral
Hoy rendimos homenaje a todos aquellos hombres y mujeres que, con fe, perseverancia y amor por la Palabra, caminaron grandes distancias para transformar vidas.
Gracias, colportores, por llevar esperanza a cada rincón de México.



